Cuando primero alumbraste mi rincón
tus hojas verdes ya estaban secas por tanta luz,
de ser rodeadas por esa constante cantidad de electricidad
Tu pierna larga y nueva, ondulada como caireles de mujeres aristócratas,
una serie de huevos de madera atravesados por una lagrima de árbol viejo
Cuando primero llegaste de Europa
Te fui a encontrar en la plana baja de un almacén blanco y muy Swedish
A tu alrededor habían sillones rojos y cuadrados, sabanas de algodón blanco
imprentas con fleur de lis anaranjadas
Lámparas de cristales rectangulares colgaban cerca de ti
Pero no te fijabas en ellas
Te decías entre si, “¿Qué tiene que ver el esplendor cristalino con poder
leer un buen libro bajo mis ramas bordadas sobre mi gorrito de muselina?”
Así fue y me enamore de ti, de tu luz calientita que me vijila
Cásate conmigo, te propuse
Y te compré
No. Te robé
Te metí en una bolsa negra y te puse en mi cajuela,
como en los tiempos de mi abuelita, como en los tiempos del libre comercio
cuando inmigrantes Chinos construían camisetas con banderas Americanas sobre las olas del Pacifico sin país que los viera
Cuando primero te traje a casa, te esperaba mi sillón negro donde escribo teorías
sobre como amar a los niños de la manera adecuada—
dentro de su cultura y con consciencia del privilegio
Todos los dias aquí me acompañan tu y el sillón
Cuando se me van las ganas de escribir y cuando no le regreso la llamada ni a Lady Gaga
en ves de abrir las paginas de mi computadora
saco y te leo mis libros de sapos verdes y los tacos de nube,
de princesa y de adas madrinas, de codornices endemoniados
que se comen a los que no me quieren con mini-mordidas hasta matarlos
Oh, lamparita de hojas verdes y pierna de café
Quédate conmigo o siempre lloraré
Quédate conmigo o nunca he de ver
Quédate conmigo y quítame mi sed